SOCIEDAD CIVIL/DERECHOS HUMANOS

Si quieres hacer la paz con un enemigo, tienes que trabajar con tu enemigo. Entonces se convierte en tu compañero” (Nelson Mandela).

Hay tantas acepciones de sociedad civil que resulta difícil establecer una definición. Dejando al margen la definición que incluye el ordenamiento jurídico sobre la comunidad de bienes dinero o industria, establecida por varias personas para obtener beneficios en común, la definición sociológica y política es tan amplia que da opción para amparar los mejores fines y también, para demagógicamente, intentar utilizarlo como cajón de sastre, intentando dar cabida a los intereses más perversos.

Para mí, la sociedad civil es un cauce extraordinario para la mejor forma de ejercer el activismo en derechos humanos. Y cada persona, cada organización escoge su forma de posicionarse: la mía es la de intentar construir, la de ayudar a ayudar, la de sumar para multiplicar, la de establecer canales de comunicación, estudiar, aprender, construir y crecer. Siempre intentar es el único modo de conseguir en algunas ocasiones.

En mis dos décadas de travesía como activista, he tenido la fortuna y el privilegio de coincidir y aprender con personas de gran profesionalidad y trayectoria. Así fue como conocí a Kumi Naidoo, el sudafricano que fue Secretario General de Civicus, la Alianza Mundial para la Participación Ciudadana.

A él le escuché esta definición que comparto porque me parece de las más breves y concisas: “La sociedad civil es el espacio cívico que se crea por la fuerza de las propias acciones ciudadanas libres y autónomas, tanto individuales como colectivas, para avanzar en intereses compartidos a nivel local, nacional, regional o internacional”.

En términos generales, y porque casi todas las reivindicaciones de lo básico, entran dentro de la consideración de derechos humanos, existe un gran número de personas dedicadas a luchas por la consolidación de los mismos y por su establecimiento, en aquellos lugares en los que son conculcados.

Así, además de aquellas personas que ejercemos el activismo están, por supuesto, las organizaciones de derechos humanos, que pueden ser las integradas en el ámbito de las Naciones Unidas o las ONG´s nacionales e internacionales o las coaliciones y redes que defienden derechos de grupos de personas o cuestiones de interés público.

El término “sociedad civil” parece inventado ahora, en estas crisis de los últimos años. Pese a que está menos consolidado de lo deseable, pese a que aún todo está menos articulado de lo que debiera, la protección internacional de la sociedad civil encuentra su cimentación en la suma de diversos derechos que, desde su primera recopilación en la época de la Revolución Francesa, con la Declaración de los Derechos del Hombre hasta la actualidad, han encontrado herramientas de fortaleza incuestionable como la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948.

Durante estos siglos se han ido perfilando, consolidando y desarrollando, a través de los distintos instrumentos de Derecho Internacional, derechos como la participación real y efectiva de las personas en los procesos de elección de cargos públicos, toma de decisiones y gestión de gobierno, la libertad para reunirse (incluidos ya en estos tiempos, en los albores de la Cuarta Revolución Industrial, los medios electrónicos), asociarse y/o manifestarse pacíficamente, la libertad de opinión y expresión.

Ya existen diversas Resoluciones de NU (Consejo de Derechos Humanos de la ONU) sobre la responsabilidad de los Estados y de la Comunidad Internacional en la protección del espacio de sociedad civil, que exhortan a los Estados para garantizar un espacio seguro y propicio, tanto en la legislación como en la práctica, para que la sociedad civil cumpla con su objetivo de promocionar el Estado de Derecho, la democracia y los derechos humanos.

Siendo así, y hablando desde mi experiencia personal que me ha llevado a trabajar tanto en España como fuera de nuestro país en diferentes crisis humanitarias y en situaciones de extrema necesidad, he sido testigo del funcionamiento de la sociedad civil en diversos continentes.

En cada lugar, cada sociedad, cada grupo de personas y también los activistas que a través de su liderazgo conectan grupos, instituciones y organizaciones, activan el caudal de los recursos éticos y políticos para frenar y mostrar resistencia frente a los abusos perversos del poder, la conculcación de los derechos fundamentales o la limitación de los derechos indivuales y colectivos.

La palabra democracia es inherente a la sociedad civil hasta cuando se ejerce en los países que no la disfrutan, porque en esos casos, la aspiración y la vocación de estos movimientos sociales es la soberanía democrática y la seguridad jurídica, así como cualquier componente que de entidad al Estado de Derecho.

La sociedad civil activa el debate, el diálogo entre instituciones nacionales y supranacionales, gobiernos, ciudadanía el sector privado y otras partes actoras.

Pero sobre todo, existe una parte de la sociedad civil que defiendo siempre que puedo. A mi criterio, la participación activa en la mejora de la sociedad es la mejor de las escuelas para la juventud. Cada vez con más peso, se valora el voluntariado en la formación de los candidatos a puestos de trabajo relevantes.

Es fundamental ser conscientes de los privilegios por coherencia propia, pero la escuela del conocimiento por la contraposición de otras realidades, lleva de un modo más directo al conocimiento de que somos afortunados por el hecho de haber nacido en un lugar concreto en un tiempo concreto.

A partir de ahí, cada uno en su propio ecosistema debe valorar cómo de afortunado es, por todas las capas de protección que tiene en sus derechos según sus propias circunstancias. A muchas personas les lleva toda la vida este empeño, pero el ejercicio del voluntariado puede acortar el camino a recorrer, integrando a las personas jóvenes en la ayuda a superar las barreras que la conculcación de los derechos fundamentales suponen para muchas personas y también para muchos núcleos sociales e incluso para muchas sociedades o estados.

El énfasis en la participación de la juventud como sociedad civil es cada vez mayor y el mío propio es casi un empeño vital. Formar a las nuevas generaciones en el activismo en derechos humanos y Derecho Humanitario es esencial.

Cruz Sánchez de Lara Sorzano es abogada, Presidenta de THRibune, Executive Advisor de UNODC (para Africa Oriental) y miembro del Consejo de Administración de El Español.

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